Facción armada mata a pastor y secuestra cristianos en Sudán
El pastor Adel Idris Jongool, de la Iglesia Episcopal de Sudán, fue secuestrado y asesinado el 24 de julio en la zona de Dabbi, condado de Hiban, en las montañas Nuba. El crimen fue atribuido por fuentes de la iglesia local a una facción rebelde señalada por recibir apoyo de grupos extremistas islámicos.
Según los reportes, los atacantes pertenecen a una facción disidente del Ejército Popular de Liberación de Sudán-Norte. El grupo habría comenzado a perseguir a líderes religiosos y otros civiles en medio de crecientes tensiones tribales y religiosas en la región.
El asesinato ocurrió un día después de otro violento ataque en la ciudad de Heiban. La ofensiva habría dejado un número todavía no determinado de cristianos muertos y provocó el secuestro de varios líderes religiosos.
La Diócesis de Heiban confirmó los hechos y lamentó la muerte del pastor. El obispo Al-Sir Hassan Kuku pidió a los grupos enfrentados que respeten a los líderes de las iglesias y a las instituciones religiosas, y calificó el asesinato como algo completamente inaceptable.
Este no es un caso aislado. El 19 de junio, un sacerdote católico y uno de sus guardias fueron asesinados en la parroquia de la Santa Cruz, en Kauda. Otro guardia recibió disparos, pero sobrevivió y tuvo que ser trasladado a un hospital.
Las montañas Nuba habían permanecido relativamente apartadas de la guerra que comenzó en Sudán en abril de 2023. Sin embargo, el conflicto llegó con más fuerza a la zona después de nuevas alianzas entre grupos armados, abriendo otro frente de combate y dejando más muertos y familias obligadas a abandonar sus hogares.
En medio de esta guerra, los cristianos han quedado atrapados entre diferentes bandos. Tanto las Fuerzas de Apoyo Rápido como las Fuerzas Armadas Sudanesas han sido acusadas de atacar a creyentes desplazados, señalándolos de colaborar con el grupo enemigo.
Sudán ocupa el cuarto lugar en la Lista Mundial de la Persecución 2026 de Puertas Abiertas. Además, datos actualizados de ACNUR muestran que más de 11,3 millones de personas permanecen desplazadas por la crisis dentro y fuera del país.
Este crimen no debe convertirse en una cifra más. Detrás del nombre del pastor Adel había una vida, una familia y una congregación que hoy lloran su ausencia. La Biblia nos llama a recordar a quienes sufren persecución como si nosotros también estuviéramos pasando por el mismo dolor.
Aunque los violentos intenten callar a la Iglesia con balas, secuestros y amenazas, no podrán apagar el Evangelio. Es tiempo de levantar la voz, denunciar esta injusticia y permanecer unidos a nuestros hermanos de Sudán, confiando en que Dios ve su sufrimiento y no abandonará a quienes permanecen fieles en medio de la prueba.

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